Blog Origen de los Regalos

orígen de los regalos


«Un poco de historia sobre el origen de los Regalos y en especial los de Navidad»

Origen de los regalos: Los griegos tenían la concepción de que toda persona poseía un espíritu protector presente el día que nace lo acompaña toda su vida.

Los romanos también aceptaban esta creencia , pero fueron los griegos quienes impusieron la costumbre de los pasteles o tortas con las velas encendidas.

Ponían el día del cumpleaños en los altares de los dioses un pastel redondo como la luna hechos con miel, que tenían cirios encendidos.

La creencia es que las velas de cumpleaños están dotadas de magia especial para conceder deseos de modo que las velas de cumpleaños le traen buena suerte.

Origen de los Regalos * Orígenes paganos

Muchas sociedades antiguas celebraban festivales en honor a sus dioses en la época del solsticio de invierno, el que coincide con la temporada de la Navidad.

Estas celebraciones a menudo incluían el intercambio de regalos, por lo general de los patrones a sus trabajadores.

Muchos creen que la práctica de dar regalos se incorporó a la fiesta cristiana de la Navidad con el fin de facilitar la transición de las sociedades paganas a la nueva religión.

Orígen de los tan famosos Regalos de Papá Noél

origen de los regalosSan Nicolás de Bari
Cinco Papas han llevado el nombre de Nicolás, pero el santo de nuestra historia no fue Papa sino obispo.

Poco se sabe con certeza de San Nicolás.

Mas allá de los siguientes datos: nació en Parara de Licia, una antigua provincia del Asia Menor.

En su juventud hizo una peregrinación a Egipto y Palestina.

Al poco tiempo de su regreso fue nombrado obispo de Mira, capital de Licia, junto al mar Mediterráneo.

Fue echado en prisión durante la persecución de Diocleciano por confesar su fe

Tiempo después, fue liberado al subir al trono el emperador Constantino.

Origen de los Regalos * Devoción a San Nicolás
A su muerte el 6 de diciembre, de 345 o 352, creció su devoción y aumentaron los reportes de sus milagros.

Se convirtió en el patrón de los niños y marineros.

Leyenda de las tres doncellas * Origen de los regalos
Se cuenta que en la diócesis de Mira un vecino de San Nicolás se encontraba en tal pobreza.

Que se decidió a exponer a sus tres hijas vírgenes a la prostitución, para sacar de ese vil mercado el sustento para él y para ellas.

Sin dinero no podían pagar la dote de una, por lo que ninguna se podía casar.

Para evitar aquel inhumano lenocinio, San Nicolás tomó una bolsa con monedas de oro.

Y, al amparo de la oscuridad de la noche, la arrojó por la chimenea de la casa de aquel hombre.

Con el dinero se casó la hija mayor. San Nicolás hizo lo mismo para favorecer a las otras dos hermanas.

En la segunda ocasión, tras ser tirada la bolsa sobre la pared del patio de la casa del pobre, esta se enredó en la ropa que se tendía para secar.

El padre se puso al acecho en la ventana, descubrió a su bienhechor y le agradeció su caridad.

Se narra también que San Nicolás resucitó a tres niños.

Los cuáles  habían sido asesinados y desechados en un barril de sal.

Las antiguas leyendas de los niños, los regalos por la chimenea y las medias dieron lugar.

Tanto en Alemania, Suiza y los Países Bajos a la leyenda del «niño obispo».

Y sobre todo a la costumbre de que San Nicolás trae secretamente regalos para los niños el 6 de diciembre.

El día en que la Iglesia celebra su fiesta.

Dicha costumbre fue popularizada en los Estados Unidos.

Por ejemplo, los protestantes holandeses de Nueva Amsterdam, que convirtieron al santo «papista» en un mago nórdico.

Su nombre fue abreviado, no solo a San Nic, sino también a Sint Klaes o Santa Claus.

Lamentablemente fue cambiando el origen de los regalos, por el  Santa Claus moderno que ha sido paganizado.
La mitra de obispo también remplazada por el hoy famoso gorro rojo, su cruz pectoral desapareció por completo.

papá noél

 

SE MUDÓ DE TURQUÍA AL POLO NORTE, DE DONDE VIENE POR LA NIEVE CON VENADOS.

El Santa Claus pagano cautivó la imaginación de agentes publicitarios en el occidente.

Como San Nicolás era obispo, se le representa vestido en rojo.

Eso le gustó a los magnates de la popular gaseosa, ya que ese es también el color publicitario de esa corporación.

Comenzaron a usarlo en una campaña publicitaria pre Navideña .

Hoy día, «Santa Claus» se utiliza para vender toda clase de regalos y casi nadie recuerda su verdadera historia.

Es hora que los cristianos recuperemos nuestro santo.

Y le enseñemos a nuestros niños que la Navidad es la celebración del Nacimiento de Dios hecho niño.

Recordemos pues que San Nicolás fue un santo obispo que se preocupaba por los pobres, especialmente los niños y se hizo famoso por su caridad.

¿Por qué hacemos regalos?

El acto de regalar ha sido motivo de estudios sobre la conducta humana por parte de los especialistas de diversas áreas: ayuda a definir los vínculos y fortalece los lazos con familiares y amigos.

Pero ¿quién gana más?, ¿el que da o el que recibe?

Mi madre era una apasionada de los obsequios.

Cuando fui adulto la insté a que dejara de hacerlo y que gastara el dinero en ella, pero se negó. Le gustaba demasiado dar regalos.

Regalar ha sido durante mucho tiempo tema de estudios acerca de la conducta humana, y participan en ellos psicólogos, antropólogos, economistas y comerciantes.

Ellos descubrieron que dar regalos es una parte sorprendentemente compleja e importante de la interacción humana que ayuda a definir las relaciones y fortalece los lazos con la familia y amigos.

Los psicólogos afirman que a menudo es el que da, más que el que recibe, quien cosecha los mayores réditos psicológicos de un regalo.

Frustrada por la gran cantidad de gente, el tránsito, el consumismo, la gente puede verse tentada en esta época a decidir no regalar absolutamente nada.

Un informe de 2005 mostró que cuatro de cada cinco estadounidenses piensan que las fiestas son demasiado materialistas.

Según el Center for a New American Dream (Centro para un Nuevo Sueño Americano), que promueve el consumo responsable.

Pero si bien es razonable recortar los gastos durante las fiestas, los psicólogos afirman que prohibir el intercambio de obsequios con los seres queridos no es una solución.

La gente que rechaza recibir o intercambiar regalos durante las fiestas, aseguran estos expertos, puede estar dejando de lado una importante conexión con la familia y amigos.

«Eso no ayuda a la relación», afirmó Ellen J. Langer, profesora de psicología de Harvard.

«Si no permito que me den un regalo, entonces no aliento a los demás a que piensen en mí y en lo que me gusta. Impido a los otros que experimenten la alegría de embarcarse en todas esas actividades.

Uno perjudica a los otros al no obsequiarles la posibilidad de dar.»

El valor social de dar ha sido reconocido a través de la historia de la humanidad.

Durante miles de años, algunas culturas nativas han realizado el potlatch, una compleja ceremonia que celebra el dar mucho.

A pesar de que las interpretaciones culturales varían, a menudo la posición de una familia en un clan o pueblo se definía no en función de quién tenía más posesiones, sino a partir de quién daba más.

Cuanto más pródigo y oneroso el potlatch, más prestigio ganaba la familia.

Algunos investigadores creen que las fuerzas de la evolución pueden haber favorecido el dar regalos.

Los hombres más generosos pueden haber tenido más éxito reproductivo con las mujeres.

Por ejemplo, (se señalan el uso de alimentos como intercambio para el acceso sexual y el acicalamiento, que han sido documentados en nuestros más cercanos parientes simios, los chimpancés).

Las mujeres que eran hábiles en dar, ya fuera alimento extra o una piel adecuada para protegerse, ayudaban a apoyar al proveedor de la familia y a sus hijos.

Margaret Rucker, psicóloga especializada en consumo, de la Universidad de California, afirma que los hombres habitualmente son más conscientes del precio y del aspecto práctico cuando se trata de dar o recibir regalos.

Mientras que las mujeres tienden a preocuparse más por dar y recibir regalos con significado emocional.

La doctora Rucker cuenta que a menudo relata la historia de un hombre que se subió a un árbol para conseguir el huevo de un petirrojo que hacía juego con los ojos azules de su novia.

«Las mujeres dicen qué romántico.

Pero los hombres afirman que es la cosa más tonta que han oído y también se preocupan por la madre que puso el huevo.»

Las diferencias en el tema parecen surgir en la más temprana infancia.

Investigadores de la Universidad Loyola de Chicago estudiaron a niños de 3 y de 4 años en un centro de cuidados diurno, todos los cuales habían asistido a la misma fiesta de cumpleaños.

Las niñas habían ido de compras con sus madres y ayudaron a elegir y envolver el regalo.

Los varones, en cambio, no tenían idea de lo que era el obsequio.

Decían: «Mientras mi mamá fue a comprarlo, yo me dormí una siesta», comentó Mary Ann McGrath, vicedecana de la Facultad de Comercio de la Universidad de Loyola.

Dar regalos es a menudo la forma más evidente en que una pareja puede mostrar interés, fortalecer un lazo, e incluso puede ser señal de que una relación debe terminar.

Una colega de la doctora Rucker destacó que supo que su matrimonio había terminado cuando su esposo le entregó un regalo dentro de una bolsa de almacén de papel marrón.

Quienes dejan de dar regalos pierden una importante pauta social, aseguran los investigadores.

«Quien figura en su lista de obsequios le dice quién es importante en su vida ?expresó la doctora McGrath?. Indica quién es más importante y quién lo es menos.»

Pero el mayor efecto de obsequiar puede estar en nosotros mismos.

Dar a otros refuerza nuestros sentimientos por ellos y nos hace sentir más efectivos y afectuosos, aseguró la doctora Langer.

Para tener una visión del efecto psicológico de dar, investigadores de la Universidad de Virginia Commonwealth estudiaron recientemente los regalos que los dueños dan a sus mascotas.

Y así, encontraron que surge del deseo de hacer felices a los animales y de brindarles confort y afecto.

Pero también brinda, según los estudiosos, una nueva percepción sobre la naturaleza del acto de obsequiar.

Ya que las mascotas no pueden corresponder de igual manera.

«Cuando uno da algo a otra persona, se tiene la presión de la reciprocidad, pero no es así con las mascotas».

Según afirmó Tracy Ryan, profesora asociada de investigación publicitaria de la Universidad de Virginia Commonwealth.

«El estudio muestra que existe mucho placer en dar, en saber que uno se ha preocupado por alguien.»

revista@lanacion.com.ar


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